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David Sánchez Juliao

El Flecha II, el retorno

El Flecha II, que pronto circulará en libro como 'novela corta', publicado por la editorial Seix Barral en la Colección Biblioteca Breve, aparecerá pronto grabado en la voz del escritor.

Por Katherine Khagebé, de Discos MTM, Bogotá.

Maestro Sánchez Juliao: Editorial Planeta ha puesto a circular, en libro, El Flecha II, el retorno. Es una obra extensa: más de 150 páginas. Muy pronto, Discos MTM, lanzará la obra en varios CD’s, ¿Cómo se da el reencuentro con ese personaje que ya forma parte del imaginario latinoamericano?
"No tengo el texto aquí conmigo, pero lo he trabajado tanto que casi lo sé de memoria. Mire, así comienza:
—¡Je!, maestro Deibi, maestro Deibi. ¡Ey, el de la barba:
—Hola, ¿qué tal, cómo estás?
—Oiga: No me diga que no me conoce. A ver, míreme bien.
—¿Javier Durango...?
—... alias El Flecha, máster Deibid. El propio, el genuino, di oríyinal, ¿no me conocía? ¡Lo que es la vida, ¿ah?! Con la gloris se forgóten las memoris.
—Es que... han sido treinta años, Flecha.
—Sí, máster: como dijo Wiston Chórchil cuando ganó la Segunda Guerra: Es chamu el wáter que ha ridoco joba el London tópuen: Es mucha el agua que ha corrío bajo el puente de Londres.(TRANS) Son tévein yíars, máster. Oiga, lo andaba buscando dej'hace tiempo, ¿sabe?, como la otra ve.

"HACÍA TREINTA AÑOS QUE NO LO VEÍA"
—Oye, Flecha, ¿y cuándo te dejas ver para tomarnos algo?
—¡Ecche! Usté me hace recordá al man de Riohacha que le dijo a un amigo: Vee, ¿cuándo te dejái ve pa'tomarno'unos trago? Y el otro respondió: Vamos ya, pué... pa'salí de'so, primo. Oiga: por ahí lo he visto, máster, he sabido de usté.
En esos 30 años hice muchas cosas y compré el Jeep Willys, el W.V.M.
—¿Tonce, qué, máster? ¿Nos tomamo algo?
—Veo que andas desocupado, Flecha.
—¿Desocupado yo? Ojalá. Al meno, ya eso sería una ocupación. Estoy es... varado, máster: con ve de varilla, porque es mucha la varilla que he tirao tratando de encontrá trabajo, pero... natilla-varilla. Así que aquí estoy: va-ra-do... en do mayor: Va-ra-Doooo ¿Usté sabe la diferencia entre está varao y está desocupao? Vea: el desocupao no tiene ná que hacé; mejor dicho, es alguien que se lanzó al abismo del importa-un-pito, al Niágara del todo-da-lo-mismo y al despeñadero del eche-qué-carajo. En cambio, el varao, como yo, se la pasa trabajando buscando trabajo. Mejor dicho, buscando camello. ¿No ve que también hay una díferens, grande, entre trabajá y camellá. Un ministro, por ejemplo, trabaja. Y un obrero, camella.
—Muy profundo, Flecha.
Él insiste en que nos tomemos algo.
—Venga, vamo a meterno aquí al restaurante-bar El Mercado de Lorica, cerca, mire, del Teatro Martha. ¿Se acuerda qué quedaba ahí, frente al Martha, máster?
—Claro, Fecha. El bar Tuqui-Tuqui.
—Bien, bien, qué memoria. ¿Recuerda la mamada de gallo que le metí yo ahí, con el man del sur y el Monky-Luc, sobre la vaina de los egipcio y las pirámide cipotúas, se acuerda?
—De eso se acuerda mucha gente, Flecha.
Descripción del mercado de Lorica
—Bueno, aquí estamo, listos para hacerle cinco carambolas verbales... Déjeme llamá al mesero: ¡Psst, ey, Sobaco-sabio, ven aca, tú, ven acá.
—¿Qué se te ofrece, viejo Flecha?
—Óigale la voz, máster, de bafle roto. Ya oíste, Sobaco-sabio, lo que dijo el patrón: una media de aguardientico, con servicio.
El mesero trae la media botella y yo le digo:
—Oye, Flecha: Es la primera vez que veo a un mesero atendiendo con un periódico debajo del brazo.
—Claro, ¿no ve que por eso'e que le dicen Sobaco-sabio? Él llega a trabajá aquí al bar en la mañana, se clava el periódico abajo'el brazo, sacude los billare, atiende las mesas, pone la música, y en la tarde, sin habérselo sacao, ya se ha leío las noticia. Eso'e lo que aquí se llama sobaquismo mágico.
—Me estás mamando gallo, Flecha.
—Sí, máster, por varias vaina. Primero que todo, a mí, pa'decí verdá, me ha servío mucho lo que usté escribió sobre mí en El Flecha. Pero, máster, no ha debío contá lo de la pelea nel estadio... la parte de cuando yo me subí al rín a peliá con el Yoni Gonzále, y que cuando el Yoni me mandó a la lona... se fue la luj'en el estadio, y que el réferi empezó a contá nel oscuro, uno, tré, cinco, dié, y que cuando llegó la lú, la gente encontró la lona vacía, porque ya yo iba caminando como a trej'cuadra pa'mi casa... Eso, no lo ha debío contá usté. ¡Eche!, me dejó ante too'el mundo como un cobarde. Usté no sabe lo qu'eso me perjudicó en el viaje que hice, de tantos año, por lo ocho departamento de la Costa colombiana. Porque cuando fracasé en el boxeo, me fui a rodá tierra caribe de la Guajira hasta Urabá. Pero con eso del estadio y de la lú, me mamaron gallo en too'el viaje.
—Sí, Flecha, pero quién iba a pensar que tu historia iba a gustar tanto, y que te ibas a hacer tan popular. No se me ocurrió.
—¡Ahí tá la vaina! ¿Tampoco se le ocurrió escribí má sobre mí? En cambio esos gringo sí saben cómo'e la jugada de la continuidá en el cine. Usté y yo nos hemos dejao ganá de Jóliwu, la madre. No ha visto que ya hay un Roqui IV, un Terminéitor V, un Padrino III, un Supermán VI, ¡eche¡, ¿y yo qué? ¿Aónde está El-Flecha-Dos, El Retorno? ¿Yo acaso soy meno que esoj carajo? Fájese, maestro Deibid, con El-Flecha-Dos, El Retorno. ¡Joda!, ¿se imagina cuando hagan en Jóliwud la película'e mi vida...? ¡Tatata-táaaa!: Di-Árrow-Túuu, con Árnol Chuarsenéguer? ¡Vaya a mamar!
—Te prometo que un día de estos la escribo.
—Escríbala, pero, ¡eche!, no insista en mi volada del ring, porque eso sí me perjudicó a mí en el viaje que hice por los ocho condados de la Atlantic Coast; en los que visité, máster, vea: el condado del Cartel del Friche en Riohacha, el del Cartel del Chivo en Valledupar, el condado de La Erre Fuerte en Santa Marta, el condado del Miami-Criollo en Curramba, el Condado del Gop-peo en Cart-tagena, el condao del Suero en Sincelejo, el Condado del Bocachico en Montería... y el condado del Guineo en Urabá.
—Oye, Flecha, pero veo que has aprendido mucha cosa...
—Es que, ¿sabe lo que yo he viajao? Yo he llegao a conocerme esta Costa Colombiana como la mano de mi palma, de rabo a cabo. Camellando, y tirando varilla y sable a dos mano, pero nada. Camello sí encontré, pero trabajo no. Pero, como esto está muy hablao, vamos a ponerle un poco de animación; ahora verá: ¡Ey, Sobaco-sabio: hunde ahí en la rocola la tecla G2, llave, pa'narrarle al máster mi periplo por la Costa, empezando por la Guajira, y pa'que alguien, me pregunte de-dónde es-usté que-canta tan-bonita esa-parranda...
Alguien me dijo de dónde es usté que canta tan bonita esa parranda. Si es tan amable, tóquela otra vez...
¿Y de ahí hacia adelante, qué sigue?
"Recorre la Costa entera. Vive en cada capital de departamento".
Ya me imagino todo lo que le sucederá...
"Las más insólitas cosas: hilarantes y trágicas. Víctima de las siete plagas que agobian a la región".
Por ejemplo...
"Bueno, en Riohacha es víctima del regionalismo que a veces nos enceguece, y acaba expulsado de la ciudad; igual le pasa en Valledupar, por culpa de un abogado llamado el doctor Culebra-en-frasco... Imagínese el mal genio del sujeto: Culebra-en-frasco. En Santa Marta se enreda, sin quererlo, en un lío de contrabando y va parar a Las Catorce Ventanas, la carcel de allá. Sale, y en Barranquilla acaba injunstamente involucrado en el secuestro del turco Zaglul, por culpa de una muchacha dizque parecida a Marilyn Monroe, pero a la que él llama Marilyn Monrobo. Se fuga a Cartagena, y acaba trabajando con El doctor Arepa, un político que sostenía que, como pasa con las arepas, político que no se voltea, se quema. Ahí aprende inglés en el Terminal Marítimo con los marineros gringos".
¿Y de ahí?
"A Sincelejo, Sucre, y se enreda con un viejo corroncho llamado don Urbano Vergara, que era... más bien rural... y ¡embustero! Esta parte me gusta mucho, porque trata de la afirmación de lo propio, y de la exaltación de la corronchería. De ahí, por otro lío, se va a lo que él llama el Houston-Téxas colombiano: Montería. Monta una ruleta de figuras y lo pelan en una corraleja. Hasta que otro lío lo manda a Urabá".
¿A Urabá?
"Claro. Trabaja en una excavación arqueológica en el Darién, pero los tales arqueólogos eran unos farsantes que sacaban unas raras sustancias en cajas marcadas con el letrero de "objetos precolombinos". Ya se imagina lo que contenían. Ese lío lo hace regresar a Lorica, en donde me narra la odisea".
Maestro: ¿y cómo termina la obra?
"—Y aquí me tiene, máster, de nuevo en Lorica, preparándome pa´reempezá el rebusque. Y, mire en toos los lío en que ese bendito rebusque me metió... deje Riohacha hasta Urabá. Pero, ajá, tengo que levantá un billetico y viajá a Bogotá a la Américan Émbasi, a ver si me dan la visa. Aunque, viéndolo bien, ¡eche!, a los que nacimo en el Barrio Kénider de Lorica, debían darno la residencia enseguida, y hasta la ciudadanía americana, cuadro. Nojoda, pa'llegá a Lorica con pasaporte gringo, loco, ¿se imagina?: ¡pantalla corrida! Pero, máster, mientras eso me sale, ¿usté no tiene por ahí un camellito que me de pa'estos día? Aja, usté sabe que uno vive, permanentemente... ¡en el rebusque, cuadro!".
Ahí acaba. Por donde el pobre Flecha empezó: por el rebusque.


 

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