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EDICION No 4438 SÁBADO 23 DE JUNIO DE 2007 - MONTERIA - COLOMBIA

Somos un país de desalmados

Toño Sánchez Jr. Por TOÑO SÁNCHEZ Jr.

(III)

Quedamos en el período de gobierno, en mi opinión, más nefasto de Colombia, el de César Gaviria Trujillo, 1990-1994. En 1990 el panorama era de derrota para los narcotraficantes agrupados en 'Los Extraditables', estaban acorralados por la persecución del Estado. La guerra de los carteles,Medellín-Cali, era cada vez más cruenta. La guerrilla del EPL, que operaba en Córdoba y Urabá, estaba siendo aniquilada por el grupo de autodefensas de Fidel Castaño y el Ejército Nacional. Por su parte las autodefensas del Magdalena Medio, al mando de Henry Pérez, cambiaron de 'patrón'. Pasaron de Gonzalo Rodríguez Gacha a manos de Pablo Escobar. La razón: ausencia fatal. 'El Mejicano' cayó muerto en diciembre de 1989, en Tolú, al enfrentarse con un comando de la Policía.

César Gaviria convenció a los gremios de las bondades de la llamada Apertura Económica, que convirtió en miserables a los campesinos colombianos y los empujó a los brazos de los grupos ilegales. Y vendió el discurso de negociar con los narcotraficantes, mediante la llamada política de sometimiento a la justicia. Lo primero que hizo al posesionarse fue ampararse en el Decreto 1038 de 1984, por medio del cual se declaró turbado el or­den público y en Estado de Sitio a todo el país, para expedir los Decretos Legislativos 2047, 2147. 2372 y 3030 donde se arrodilla ante el narcotraficante Pablo Escobar. Hay que recordar que el capo en octubre de 1990, además de los ca­rros bomba, comenzó a secuestrar periodistas y políticos de Bogotá. Estos decretos como tenían fuerza de ley debían ir firmados por todos los ministros de Despacho, por lo que es importante saber quiénes eran algunos de esos ilustres funcionarios: El ministro de Desarrollo, Ernesto Samper Pizano; el de Justicia, Jaime Giraldo Ángel; el de Salud, Antonio Navarro Wolf; el de Educación, Alfonso Valdivieso Sarmiento; el de Hacienda, Rudolf Hommes Rodríguez; y el de Comunicaciones, Alberto Casas Santamaría. Recuerden qué fueron después y dónde están hoy. En el mismo Gobierno otros ocuparon esas carteras.

Se podía concluir por lógica que para lograr beneficios con el Estado había que hacer estallar bombas en Bogotá y secuestrar a ilustres ciudadanos de esa ciudad. Mientras tanto en regiones como Córdoba la guerrilla arrodillaba a todo un Departamento y el Estado, como siempre, impasible. Esto empujó a toda una región a los brazos otro grupo ilegal, las autodefensas.

Para finales de 1989, cuando Escobar arremete contra la sociedad antioqueña, un grupo de industriales pai­sas le solicita audiencia a Fidel Castaño. La reunión se dio en la famosa casa finca 'Montecasino', en un exclusivo sector de El Poblado. Allí el líder paramilitar oficializó por primera vez la necesidad de enfrentar a Escobar. Todos estuvieron de acuerdo y prestaron el apoyo económico, político y logístico necesario. Como era la época en que se hablaba de las masacres de Honduras, La Negra, Mejor Esquina, Segovia, uno de los presentes le dice a Castaño que la guerra de ellos es contra Pablo y que no aprueban aquellos métodos. Fidel le dice: "Bueno, ustedes serán el grupo de los perseguidos por Pablo Escobar". Con este comentario le estaba dando nombre al temido grupo de 'Los Pepes', que no eran otros que la misma primera generación de autodefensas,que nació en 1984.

Por otra parte, luego de la derrota militar del Epl en Córdoba y Urabá, un grupo de ganaderos convence a Fidel Castaño de que entregue sus armas con el ánimo de darle una oportunidad a la paz en esta región. Castaño lo hace en noviembre de 1990, entrega 300 fusiles y desmoviliza á todos sus hombres. Fidel más que autodefensa era 100% parainstitucional, paramilitar puro. Un hermano trató de convencerlo de que no entregara 'los fierros', porque el Gobierno no iba a copar los espacios dejados por guerrilla y autodefensas. El que estaba vaticinando el nefasto panorama que se avecinaba no era otro que Vicente Castaño Gil, conocido como 'El Profe'. Y tuvo razón.

El proceso de paz con autodefensas y Epl fue capitalizado por el gobierno Gaviria como un rotundo triunfo a la paz. Prometió que el Estado no iba abandonar a estas regiones. La trágica realidad fue otra. Al movimiento político del Epl -Esperanza, Paz y Libertad-, conocidos como los 'Esperanzados', los comienzan a asesinar las Farc y una facción del Epl, los 'caraballistas' que no se desmovilizó. La llamada Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar copó todos los espacios que dejaron los grupos desmovilizados. Nuevamente Córdoba y Urabá estaba pasando a manos de su perpetuo inquisidor, la guerrilla. Mientras que en Bogotá, César Gaviria con su 'Kinder', se olvidaba de esta región y de su promesa. Humberto de la Calle Lombana fue quien firmó por el Gobierno estos acuerdos de paz. Recordemos que el Procurador de entonces era Horacio Serpa Uribe, el encargado de velar por los Derechos Humanos (¡!).

Entretanto en el Magdalena Medio las autodefensas se fraccionan, una parte decide irse en contra de Pablo Escobar y otra a su favor. Comienza una época de terror en Puerto Boyacá. Henry Pérez, líder histórico de las autodefensas, se alió con la Policía para tenderle una celada a Escobar, fue lo que se conoció como Operación Apocalipsis I. Fracasó en el intento y Pablo le puso precio a su cabeza, 400 millones de pesos. Por su parte, César Gaviria insistía en complacer al narcotraficante Escobar, ya que éste tenía en sus manos a varios importantes secuestrados, entre los que estaba Francisco Santos, hijo del fallecido director de El Tiempo. Hernando Santos Castillo. Y, claro está, que no es lo mismo el secuestrado de la guerrilla Ruperto Martínez, ganadero del Alto Sinú, que el de un ilustre ciudadano de Bogotá. Por lo que había que negociar con el narcotraficante y llevarlo a un Resort que tuvo por nombre 'La Catedral'. Para esta época los ganaderos de Córdoba mandaron delegaciones a Bogotá a hablar con el Gobierno, los congresistas y medios de comunicación para que los ayudaran, pero nadie los escuchaba. El desprecio para con la tierra cordobesa parecía toda una conspiración estatal. Era como si les conviniese a los poderosos del interior, que la guerrilla tuviera con quien entretenerse a 500 kilómetros de su Capital, con tal de que a ellos no los tocaran. Mientras los muertos, secuestrados y extorsionados fueran otros nada les importaba.

La próxima semana, la famosa reunión de 'Los Ranchos'.

 

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